Trabajo Colaborativo

¿Por qué buscamos lo “colaborativo” en nuestra industria?, ¿Estamos realmente preparados?

Creería que la búsqueda tuvo sus inicios cuando nos preguntábamos si un proyecto había sido exitoso y la respuesta era NO. No se cumplían los plazos, tampoco los costos, habíamos modificado el alcance y, además, se había finalizado el proyecto con un sinnúmero de conflictos.


Venimos gestionando proyectos similares, tenemos conocimiento de las actividades que usualmente fallan, conocemos las desviaciones que usualmente se presentan, sabemos que existirán cambios o mejoras, prácticamente todo es lo mismo!, sin embargo, no conseguimos que el porcentaje de proyectos exitosos se incremente.

Identificamos dos temas que siempre son diferentes:

“Las Personas” y “El Momento”.


Nuestra industria está llena de conflictos y los contratos que utilizamos ayudan para eso, pues casi siempre mostramos al proyecto dividido: el diseño y la ejecución. Encontrando, normalmente, participantes diferentes en cada una de estas fases, cada participante con responsabilidades y derechos independientes, y actuando en diferentes tiempos: total o mayormente divorciados.

Esta fragmentación explica la cantidad de candados o seguros que a la fecha venimos insertando en nuestros contratos: ¡controles!, ¡penalidades!, ¡restricciones!, ¡forma de contrato!, ¡informes!, ¡hitos!, etc., dejando a la vista que la desconfianza es lo que abunda. La desconfianza es el cimiento de la contratación.


Debemos trabajar como un solo equipo, con iguales responsabilidades, confiando el uno con el otro, con los mismos derechos, con una misma meta, haciendo que el momento de actuar en el proyecto se traslape con todos los involucrados. Estamos entonces hablando de “personas y momentos”, personas trabajando en confianza y en momentos traslapados.

¿Cómo logramos mayor confianza?, ¿cómo logramos que todos vean que el proyecto es uno solo, sin divisiones? ¿Cómo lo hacemos “propio” y “de todos” al mismo tiempo?


Debemos buscar que TODOS SE INVOLUCREN

De allí el paso de nuestros contratos nacionales a los colaborativos, este pedido es sumamente ambicioso, es cambiar absolutamente toda la forma de trabajar de años, ¡meta súper alta!


Creo que debemos aterrizar a nuestra realidad esta meta, este anhelo, no pensar que de la noche a la mañana todos pensaremos como un solo equipo, confiando el uno con el otro, lo mejor podría ser ir incorporando temas colaborativos en algunas fases del proyecto: adelantar la elección de los constructores (quizá a precios unitarios, tarifas, por sectores, alcances específicos), incorporar sus revisiones en los primeros entregables del expediente técnico (desde el máster plan, anteproyecto), también revisar la procura (importación, tiempos, proveedores), asegurar tiempos (adelantos), es decir, incorporar en el contrato a más participantes:  proyectistas, constructores, proveedores, con beneficios, premios, bonos y penalidades para todos.


Debemos lograr que el constructor ingrese al proyecto “temprano” para que aporte mejoras, procesos, etc., lograr que el proyectista coordine con proveedores, lograr que el tiempo se reduzca, y que el costo del proyecto en etapas iniciales sea más real y llegue más temprano al cliente. ¡La obra aún no comienza, pero conoceríamos sus riesgos, sus costos, sus retos!


Finalmente, pienso que hablar de implementar inmediatamente y para todo tamaño de obra, Contratos Colaborativos en nuestro medio, sería un poco prematuro, estos contratos fueron hechos para una realidad diferente, para una cultura diferente, sin embargo, sí deberíamos aprender y llegar a ellos de a pocos:

Debemos ir aprendiendo a desaprender.

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